POEMA XIV.
El
desánimo tiene piernas y ésta vez no pude huir por la izquierda.
Soy un
poeta sin musa, un pintor sin pintura,
Soy aquel
libro viejo que ya no leen.
No
quiero explicar cómo me convertí en el jugador que erró el penal de ganar.
Me he
vuelto una vela,
Me he
ido consumiendo y mi llama a punto de apagarse está.
¿Qué
devoto prenderá un velón a mi honra?
Siendo
tantas cosas me he ido quebrando,
Al final
he terminado como un espejo que ha servido de puerta
De guía,
Pero también
de escudo contra piedras.
El
desánimo ha sido veloz y me ha abrazado,
Al cuerpo
llamas y sigo siendo frío.
Sudo y
toso, en mis ojos hay ayeres.
Veo al
Barcelona alzando la copa
A mi
padre riendo
Me veo
en la cama siendo un chico a mar abierto.
¿Será que han robado partes de mí?
¿Será
que sólo queda el espejo roto?
¿será que también me robaron el mes de Abril, o todos?
Ya la llama se apagó.
Ya la llama se apagó.
No hay
quien prenda otro velón,
Me han
asesinado tantas veces con la daga del olvido.
Me han
asediado con tantas decisiones
Que mi
cuerpo simplemente no responde.
A
veces, hay que dejar que te atrapen.
Invitarle
un café a las desganas
Y que
escuche el agua embalsada.
A veces,
es mejor abrazar el desánimo.
No es
que sea rápido, es que te detienes.
Los
muebles, la cocina, las habitaciones,
Muchos
sitios te arrojan fotos
Que bastarán
para abrir la represa
entonces
tendrás un nuevo penal al minuto noventa
tendrás
pinturas, musa y un espejo con armadura.
Entonces
seré otro después del pacto conmigo,
Después
de cruzar la calle y agarrar otro autobús con dirección a la felicidad.

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