Lilith
Me he tropezado en un avión.
Caída libre, por tonto.
Esas son mis líneas cuando veo su inocencia,
la inocencia que se pierde cuando las coordenadas llevan a la cama.
Juro: por los dioses en que no creo,
sean viejos o nuevos,
que soy mantequilla,
que me vuelvo miel
cuando veo cómo sus dedos de porcelanas posan en su boca y
cómo sus uñas largas y arregladas acarician su cara.
No hay semáforo que marque rojo.
Ojos perdidos, para variar, y con la ironía de ser un dardo
dando en el centro con su mirar.
Inventó la palabra milagro
y concibió el pecado

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