3 de Enero, ¿Qué es lo que siento?
“Es una herida que jamás hemos cerrado, sólo estuvimos fingiendo que sí”
Al leer esas palabras mi corazón se desarmó nuevamente y es que cargaba ya desde hacía rato con una terrible presión en el pecho, con una mezcla de sentimientos que jamás había vivido.
Mientras veía que Caracas había sido bombardeada tácticamente, mientras leía que al fin el dictador había sido apresado, mi mente no daba más cabida sino para recordar esos años tan dolorosos donde la impotencia era parte de mi ser.
Recordé las caras de viejos amigos que estuvieron conmigo en varias protestas, las charlas llenas de esperanzas y sueños de un cambio, días en donde estaba envuelto de inocencia. Mis memorias se aclararon y pude recordar todo el gas que olí, también el sonido de los perdigones impactando contra las ventanas de los apartamentos de mi residencia impactando también en los vidrios de los autos estacionados, los gritos desesperados de madres, de hermanos, de amigos, los insultos dirigidos hacia los guardias que se vendieron y decidieron apuntar sus armas contra el pueblo.
Me acordé de varios nombres, de héroes que participaron en el 2014. Reviví con tristeza la caída de Jimmy, volviendo a pensar que pudo ser cualquiera, que pudo ser inclusive yo que estaba en la otra torre.
Imágenes de amigos que llenaron de perdigones, me lamenté por las ansias causadas a gente que me quería por andar en las calles, sobre todo recordé que al final tuve que huir momentáneamente de mi casa, quedándome con el sentimiento de que nada sirvió, de que los que me decían que éramos carne de cañón tuvieron razón.
Todo esto percibí, sentí, oí, evoqué al momento en el que intentaba asimilar que uno de los principales causante de todas estas desgracias caía preso.
¿Que si siento alegría? Por supuesto, pero al mismo tiempo se cuelan los miedos.
Le comento a alguien que yo ya no esperaba nada, y es que con los años perdí la fé en los políticos, en el mundo, y es que motivos hay.
Pero con un disparo como respuesta fui abatido nuevamente…
“En el fondo lo esperábamos, y lo sabes”
El mar se posó en mis ojos, mi corazón se estrujó.
Y es verdad, el Gabo del 2014 lo seguía esperando, el del 2017, el del 2019, el del 2024. Aunque silenciosamente, siempre estuvimos esperando un poco de alegría, esperando que al fin algo sucediera.
Heme aquí nuevamente en la expectativa, lleno de recuerdos y nervios, diciéndome que puedo aceptar esta victoria que marca un hecho histórico y el camino que como ciudadano venezolano, tachirense, nacido en la grita un 11 de agosto del 94, que lleva diez años lejos de su tierra… Soñó.
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