Frases e identidad

Como escritor he ido cosechando ideologías, muchas de estas vienen de ser lector. Y es que no existe escritor sin lector. Recuerdo como si hubiese sucedido ayer cuando me enamoré de la literatura. Había repetido el año en el colegio y solo tenía que cursar las tres marías. Aun así, mi profesora de castellano me invitó a seguir su plan de estudio de ese año, uno donde me mostraría El diablo en la botella, de Robert Louis Stevenson, un cuento que me atrapó y me cambió la vida.

Después de aquel suceso, seguí cursando castellano con ella. Después vinieron Edgar Allan Poe, Neruda, Benedetti, Quiroga. Quedé atrapado y, con ese encantamiento, después me atreví a escribir. Así fue como se dio este blog que, después de 14 años, sigue existiendo.

Tal vez ya haya contado esto. Suelo repetir mis historias, pero considero que es importante recordarlo porque quiero hablar de algunos versos que se han tatuado en mi piel, haciendo un espacio importante en mi vida y en mi manera de pensar.

Comenzaré con uno ya conocido:

“Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón.” Borges

Esta frase siempre ha alimentado mi orgullo. La convertí en un mecanismo de defensa, unos versos que me protegen del dolor causado por todo lo externo. Alguien que me lastime no merecerá mi odio eterno, no merecerá mi tiempo, simplemente quedará en el olvido.

Así, con estos pensamientos, he podido levantarme. Así he salido del abismo del rencor o de las lluvias de la tristeza, de la decepción. El olvido es el camino que reinicia todo, que trae el mañana; aunque queden recuerdos.

Después de unos años escribiendo cosas superficiales, aprendiendo y leyendo, obtuve nuevas experiencias y, por fortuna otorgada por los dioses, caí en el mundo de la filosofía, donde conocí a Sócrates, quien me regaló dos frases que hoy en día llevo en la piel.

La primera es la más básica de todas, tal vez su frase más célebre:

“Yo solo sé que no sé nada.”

Es la idea que me permite abrirme al mundo, recibir opiniones, poner en duda lo que creo y lo que no. Porque, al final, no sé nada.

Con esta filosofía llegué al hoy. A pesar de lo necio y lo arrogante que pueda ser con mis cosas, siempre recuerdo estas palabras.

La segunda frase tal vez la aprendí más tarde, aunque la practiqué toda mi vida:

“Prefiero sufrir una injusticia que cometerla.”


Y es que la rigidez es algo que ha sido parte de mi vida. Un personaje lleno de ética y moral, uno construido por reglas que tienen que ser estudiadas. Pero sí, una persona que también entiende que hacer el bien o hacer el mal es algo que se siente, haciendo que sea fácil permanecer buscando el 

bien.

Esto no es algo que me convenga mucho, porque a veces la realidad te exige actuar de ciertas maneras. Pero no puedo. Hay ciertas cosas que, aunque me convengan, simplemente no puedo hacer.

Y me he equivocado, y lo seguiré haciendo. Sin embargo, siempre busco asumir la culpa, sea ciertamente mía o no.

Estos son versos que mantengo muy presentes. Hay muchos más, como, por ejemplo, el "Siempre es hoy´´ que llevo tatuado. Pero, sin duda alguna, estas tres frases han vivido conmigo una gran cantidad de años.

Seguiré recopilando páginas de libros, poemas enteros. Seguiré moldeando todo a mi manera, sin necesidad de esperar nada, con la certeza de que en algún momento escribiré el libro o el escrito que cierre todos los capítulos.


CANCIÓN





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