Tiempo y Memoria
Tomo un poco de mi segunda copa de vino, el día ha sido largo y suena Pink Floyd. He vuelto a ellos estos días, así recuerdo con más claridad cómo eran los días cuando tenía 18 años, también los 19, 20 y un poco de los 21. En esos días los escuchaba con frecuencia, algo que rozaba lo religioso. Me fascinaba el misticismo detrás de la banda, la historia de Syd Barrett quién consumió tanto ácido que se perdió en sí mismo y tu podías percibir esa locura en sus primeros dos discos, luego su música fue transformándose todo seguía derritiéndose como cualquier pintura de Dalí sólo que ahora con un punto de retorno, tal vez fue lo que trajo la pérdida de Syd.
Me divertía en su mundo, yo también derrumbé el muro y supe brillar como un diamante.
Esto no es todo lo que quiero contarles hoy. Y es que a la modernidad le encanta la nostalgia que viene anclada al pasado, las redes sociales me llevaron a diez años atrás y tal vez yo decidí ir un poco más atrás.
Soy experto en ir a lugares que ya no existen, puedo a echar andar como un rollo de películas cientas de mis memorias, me sorprende muchas veces los detalles que recuerdo tanto que termino diciendo que lo que estoy viendo está alterado, porque ¿cómo voy a recordar con tanta exactitud un cardigan abierto verde, la sonrisa en medio del beso y la canción que sonaba de fondo? Algo debe estar alterado.
Ni qué hablar de recordar una canción que tenías como mínimo 14 años sin escuchar y que cuando lo haces tu corazón te hace sentir momentáneamente lo que es estar enamorado como un chico de 18.
Y me pregunto; ¿cuántas memorias se han alterado?
Puede que no era azul la camisa abierta ni un sombrero negro lo que se vestía ese octubre, o puede que no eran tantos los cigarros que fumaba cuando estaba en la facultad de derecho o
que las caminatas largas por las madrugadas no fueron tantas, tal vez menos de 30.
¿Qué tantas canciones en verdad dediqué o me dedicaron?
Tal vez aquella camisa morada o vinotinto que intenté vender antes de dejar mi casa no era tan de mala suerte, puede que yo me buscaba algunos problemas.
¿Cuántos cigarros me robarían realmente aquella vez del jardín botánico? Puede que di la media caja que tenía, o tal vez sólo fueron tres cigarros. ¿Qué pasaría con la botella de ron? Putos policías.
Pero… Demos una pausa a todas mis memorias, debo decir que difusas o no, en muchas de ellas encuentro lo mismo: en todas me encuentro a mí. Completo o roto, feliz o triste, enamorado o con ganas de arrancarme el corazón… Cuando observo con calma me encuentro, y es que allí está el romanticismo de siempre, está la amargura, los sueños, están los vicios de siempre, está Gus, Marwan, Oasis, están las mismas bandas, las mismas canciones, los mismos ídolos escritores, en esas memorias siempre las costuras de la política, de la impotencia del ¿por qué el mundo es así?.
Sean 100 o más de 10000 el número real o no de copas de vino o cervezas o cualquier otro licor que he bebido, ahí están. Como también las pocas pálidas como los momentos llenos de adrenalina.
Así es el tiempo y las memorias, puedo viajar diez años o más atrás para sólo confirmar el cúmulo de cosas que soy y que me han hecho mejor.
Así será hoy y así escribiré el mañana, recordando con certeza que aún así con todas estas aventuras y emociones vividas, sean difusas o no… Aún así con todo eso, lo mejor está por venir.
Gabriel Maldonado
Sebastian Clark
Berenice
Crearé más memorias
Me encanta, me hace reflexionar sobre mi propia memoria y como también llegan esos recuerdos que a veces se vuelven olvido. Un abrazo! Que las letras sigan inspirando a muchos como tú.
ResponderEliminarMuchas gracias, Aimara. Por leerme y los buenos deseos.
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