La Musa
¿Y si la musa es la vida?
y yo sólo he estado blasfemando ante ella
distraído del baile de los árboles en octubre
cuando los vientos soplan con fuerza para así quitar sus ropas.
He convertido a humanos en dioses que terminan cayendo
perdiendo la vista del mundo entero.
Como si Roma, Grecia o París no fueran un milagro,
o las playas y montañas del norte del sur no fueran pedazos del paraíso.
En la duda me encuentro,
la pregunta se tornó innecesaria.
Y es que la poesía nace en el momento que se grita gol
o cuando se paraliza el mundo en medio de una canción
y tú rodeado de desconocidos sólo puedes acompañar aquella voz
que abraza a miles de personas.
¿Habré ofendido a algún poeta?
No lo creo,
pero no haber comprendido que la vida es una de las musas
puede que sí sea una ofensa.
Observo al cielo en una noche silenciosa
Como una vela me consumo.
Los años se derritieron,
y con esa tinta escribo estos versos.
Qué prepotentes a veces somos.
La vida
y el mundo
son musas.
Musas que nunca caerán.
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