Meditaciones: XI Quejas y Cansancio

No es una sensación agradable cuando el cansancio arropa mi mente. Empieza a distorsionar mis pensamientos haciendo que la ansiedad se extienda por toda mi piel. 

Llevo varios buenos años enfrentando cada parte de mi ser, porque al fin decidí dejar de correr, como si ahora pudiera ver a los miedos cara a cara, verlos con unas terribles ganas de golpearlos. 

Cuando el cansancio gana, empiezo a dudar de todo. Mi mente entra en un estado de insoportable perfección, empiezo a cuestionar cosas que he dicho o he hecho, suben los niveles de la moralidad y evalúo qué cosas puedo o no decir. 

Es un sufrimiento que me traslada a distintas áreas, arrastrándome hacia el futuro o arrojándome al pasado, como si pudiera cambiar algo que dije o decir lo que no. 


No me agrada el cansancio, puesto que decidí que la calma es mi hogar.

Soy humano y se hace difícil controlar ciertos impulsos biológicos de un hombre cansado que a veces puede llegar a sentirse derrotado. 

Y me pregunto: ¿No será el mañana mejor?

con certeza sé que sí. 

Tal vez sólo necesito conectar con aquellas frases que me mantienen cuerdo en este trayecto: Lo que tiene que ser, será. 

Así puedo espantar a los miedos. Creyendo con firmeza de que el mañana trae lo mejor. 

De modo que vuelvo a confiar en que las cosas que quiero se darán, que recibiré señales enviadas por los mismos dioses aconsejándome sobre el amor, los escritos y hasta dándome conceptos nuevos que me cambiarán mi visión para con el mundo.

Logrando así alejarme de la ausencia ya que es un deseo que se agiganta cuando me siento de esta manera.

Como si pudiera pedir la parada y bajarme del mundo. En estos momentos es cuando sueños como ir a vivir entre las montañas alejado de la bulla suena hermoso, y estoy seguro que lo es, pero cada cosa tiene su tiempo y yo con apenas 31 años todavía tengo mucha energía por gastar.

Huir no me soluciona nada, menos cuando el obstáculo soy yo, o mi ego, quién sabe. 


Este escrito ha durado dos noches y estoy seguro que quedaré insatisfecho, pues sé que estoy olvidando algunos puntos de los cuáles quería hablar, sin embargo sé que estoy planteando la idea general de una buena manera, de por sí también sé de antemano lo normal qué es quedarme con esa sensación de que me faltó algo por decir. Hoy por hoy, apaciguo ese sentimiento teniendo presente que aún quedan muchas cosas por escribir. 


Es hora de ir apagando este escrito. No me gustan las quejas, sé que esto también proviene de las ganas desquiciadas de querer fumar un cigarrillo o puede que sean las ansias de comer alguna forma de dulce. 

Hace poco tuve cerca de mí unos muffins de blueberry, no los olí ni siquiera para no caer en la tentación. Por un lado me siento bien porque sigo ganando pero por otro estoy sufriendo. 

Algún día no muy lejano mis reacciones serán aún mejores, lo sé. Me lo dice cada escrito que rasga algo de mí. 

Es más fácil ahora detectar mi impotencia, hablarle a mi amargura y calmar a ese ser que no le gusta razonar con la vida, que es como es y no, como él quiere que sea. Tal vez esto es algo que repito mucho, pero es necesario no olvidarlo. 


It is what it is, dicen los americanos. 

No se puede cambiar nada del pasado, pero sí del futuro. 


Escribo esto para ganarle al cansancio, para animarme y encender la llama de mi corazón, que es válido que sienta cansancio pero no que pierda.

Esto me recuerda lo bien que hace prestar atención a mi respiración, el tener presente que todo tiene solución. 

Me recuerda que todo está bien, que sea lo que sea, nada está pasando. 





                                                                                                                  Gabo.



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