La Casa de Los Venados

¿Cuántas veces habré ido a la Casa de los Venados?

Mi memoria me dice que la primera vez que fui allí fue para ver la película Sin Límites. Una película que fue, por un buen tiempo, una de mis favoritas. Me parecía increíble que, por una pastilla, alguien pudiera aprender varios idiomas, escribir una novela entera y explotar todas las capacidades de su cerebro.

Ese fue el comienzo de la Casa de los Venados. No recuerdo por qué terminé allí, tampoco quiénes éramos los que estábamos ese día.

Con el paso de los años, mis idas se hicieron más frecuentes. Estuve en reuniones grandes y en otras más íntimas, pero en todas siempre estaba incluida la locura, las risas y los cuentos raros. Me pregunto ahora: ¿cuántos venados quedarán? ¿Cuántos fueron testigos de nuestros secretos?

Por lo menos fueron cuatro años los que pasé allí. Cuatro años en los que viví como adolescente y también como adulto joven. Años llenos de cigarrillos, alcohol, amor y drama.

Fueron varios grupos los que pasaron por esa casa. Algunos miembros tal vez no merecían tanto estar en la Casa de los Venados; aun así, fue una casa abierta para el mundo, para todos los que quisieran vivir noches infinitas.

Pese a las decenas de personas que pasaron por allí, siempre estábamos los originales. Creo que eso mantuvo una esencia.

Esa urbanización se construyó para que un grupo de personas coleccionara historias absurdas, como aquella en la cual terminé vomitando por la ventana de mi apartamento, o como aquella que tuvo una imitación de Chávez a las dos de la mañana, o como la del beso con la chica del cardigan verde con el Club de Fans de John Boy de fondo.

Y sé que hay más. Algunas incluyen baños, otras incluyen celos. Y es que, ¿qué tanto verían los venados allí?

Me gustaría recordar la última vez que estuve en esa calle corta de varias casas. Me gustaría saber la fecha en la que dijimos por última vez: “En algún diciembre comeremos algún venado”. Me gustaría recordar qué fue lo último que bebí allí, el último cigarrillo, la última canción, si hubo un momento feliz o triste.

Después de tantos años, aún recuerdo aquel sitio. Recuerdo la bomba de gasolina en la esquina, el hotel cercano, varias personas específicas, las canciones de Cerati, de LOL, de Silvio y de tantos otros artistas.

La Casa de los Venados siempre será un lugar donde fui feliz, con todas las historias que recuerdo y con todas las que se quedaron allá.




CANCIONES DE ESOS DÍAS:



Gabo
Sebastian Clark


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