Te he visto dedicando la luna, canciones, todas las noches y los días que tiene el mundo.

He visto cómo has convertido a humanos en dioses; asimismo, he visto cómo has pactado serle leal a alguien, como si fueses un caballero.

¿Pero dónde estás tú?

Puede resultar gracioso o puede ser una total desgracia: ¿cómo es posible que tu tinta tenga al mundo y no te tenga a ti?

Este escrito nace de una no profunda meditación en el auto, una en la que, como escritor, te ha dado por juzgarte.

Tus manos, que siempre cuidas, pueden ser las manos de cualquier ángel.

Eres una biblioteca: tienes libros y música, y cualquiera que te necesite encontrará el libro o la canción correcta.

Eres modesto; aun así, si necesitas alimentar a la luna llena, sabes qué prepararle.

Si necesitas embriagar al sol, sabes qué prepararle.

¿por qué no tú, si seguramente tienes más historias que el mismo Charles?.

¿No recuerdas los escritos que te han dedicado?

¿O las confesiones que te han hecho bajo la luz del día o la de las estrellas?

Esto no debería ser un escrito corto,
porque más de treinta años de historia merecen un buen espacio.

¿No son tus ojos un arma secreta?

¿No es tu suavidad ante la vida
también una forma de ser valiente?

Esta es la primera página que habla de ti y no debe ser la última.





Gabriel Maldonado.




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