Historias de Un Verano V
Me pregunto si este poema, que leerán al final, lo habré escrito en aquella ventana gigante de mi viejo cuarto. Seguramente había fumado un cigarrillo, un Belmont, para ser precisos. Era de noche, sin duda. Me atrevo a decir que Un Verano originalmente se escribió siempre de noche.
¿Qué me cuestionaba?
Probablemente había pasado algo que estaba haciéndome dudar, como si mi intensidad, como si escribir, como si preguntar fuera un delito. Peor aún, como si la honestidad tuviera un precio.
El que escribe siempre ha sabido meticulosamente cuestionarme y defenderme; esto es un hecho que sigue siendo así. Hoy en día, puede que lo haga con más certeza.
Esta noche podría decírselo a quien escribió este poema: que seguimos siendo así, que seguimos atesorando los momentos, que los huesos siguen soportando. Seguimos siendo una piel hecha de preguntas; seguimos persiguiendo las respuestas.
Y claro, nunca dejaremos de beber la verdad.
EL QUE ESCRIBE
Poeta, ¿siempre eres así?
¿Te cansarás algún día de guardar en tus bolsillos vacíos tantos momentos?
¿Dejarán de calar en tus huesos tantos sentimientos?
O dime tú, filósofo,
buscador de mares inciertos,
de tierras sagradas,
amante de respuestas hechas preguntas.
Nos cuesta escaparnos;
la fiesta y el vino se hicieron mentira.
¡Ay!
No dejes de ser así, poeta;
no dejes de ser así, filósofo.
Escapemos sobre la mentira
y bebamos de la verdad.
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