Sociedad y política

 Es difícil crear una opinión neutral, una que no esté condicionada, ya que desde que nacemos vamos adoptando filosofías que dependen de nuestro entorno. Por eso es importante que cargos como el de maestro requieran una estricta profesionalidad. Más allá de eso, la educación debe enseñarnos a cuestionarlo todo desde un punto de vista racional, y esto debería comenzar desde las etapas más tempranas de la vida. Dicho esto, desde niño he ido desarrollando mis teorías sobre el mundo a partir de los cuestionamientos que he tenido a lo largo de los años. Noto que hay un espíritu muy libre y jipi en mi forma de ser, a pesar de que soy un amante de las reglas y el orden. Y es que, al final, uno no tiene por qué estar reñido con el otro, aunque muchas veces se presenten como opuestos.

¿Por qué las reglas o la palabra “orden” interfieren con la libertad o con ser jipi?

¿Cómo puedo expresarme bien? ¿Cómo puedo explicar mi punto? Si escucho Latinoamérica, de Calle 13, lo entiendo; escucho a Silvio Rodríguez y también lo entiendo, y al mismo tiempo los juzgo por su hipocresía. Puede que este tampoco sea el mejor comienzo, también porque vengo a hablar del mundo, no solo desde mi punto de vista como venezolano o como migrante. Pero sí puedo decir que estamos viviendo entre contradicciones y mentiras. Comienzo mencionando a estos personajes porque escucho La era está pariendo un corazón y me siento un rebelde; siento que una “revolución” es lo que mi país en verdad necesita. Me refiero a que Venezuela está podrida y a que, irónicamente, alguien que se posiciona a favor de ideales vinculados, desde mi perspectiva, con quienes han destruido y siguen destruyendo el país escribió varias canciones que despiertan en mí una emoción por querer liberarla, salvarla. ¿Ven lo irónico?

Me he fijado en que así se mueve el mundo. Tal vez ellos también están confundidos, o tal vez el fanatismo es igual en todas partes. Es como tu equipo de fútbol: al rival, ni agua. No importa reconocer qué es mejor; no lo podes aceptar. Tu equipo es, fue y será siempre el mejor. Así nos movemos hoy en día con cualquier tema, con cualquier filosofía. Y nada importa: todos tenemos la razón.

Y esa forma de movernos encontró además un acelerador: la tecnología. El ritmo de nuestras vidas ha cambiado por completo. Pareciera que, después de 2017, todo se aceleró; la vida 2.0 empezó a cobrar más fuerza y nadie dijo nada, nadie lo pudo parar. Creo que hasta los gobiernos deben estar arrepentidos porque, de lo malo, lo bueno: ya tampoco se pueden ocultar tantas cosas.

Hoy en día puedo describir a un personaje autoritario y, según tu equipo, podes pensar en alguien distinto. He tenido que aceptar que la política, al menos como solemos entenderla, se ha vuelto un concepto obsoleto, porque sus protagonistas también han quedado vencidos. Por eso parece que solo ha quedado el juego con las masas. Vivimos con la penuria de tener que votar por el menos malo, porque todo se ha politizado y se ha confundido tanto a la gente que hay personas pertenecientes a ciertas minorías que defienden posturas que entrarían en conflicto con sus propios derechos. He visto también cómo se usa el término nazi para denigrar al contrario, mientras al mismo tiempo aparecen discursos que presentan a los judíos como la maldad de esta tierra. Y es increíble cómo se ve la conveniencia de las cosas. Yo, siendo agnóstico, he visto situaciones en las que se intenta silenciar cualquier rastro del catolicismo, en partidos de fútbol o en las calles. ¿Por qué unas creencias pueden respetarse y otras no? Las ideologías, y también las religiones, han colaborado con todas estas confusiones; desde el principio han levantado divisiones y fronteras, porque muchas creen que son el pueblo elegido, como si el pueblo elegido no fuera la humanidad entera.

Eso me recuerda que la globalización, en vez de ser algo que incita al compartir, a veces parece haber traído también imposición; también ha llevado a que los gobiernos intenten hacer todo dentro del marco de “lo políticamente correcto”. ¿Pero de verdad está bien cuestionar o castigar a quienes se sienten orgullosos de su cultura dentro de su propia nación? Y aquí es donde vemos que todo cae en los marcos de los extremos: no hay límites, no hay racionalidad en muchas de las acciones de hoy en día. Eso me hace temer por el futuro, porque estamos bailando con una acumulación de peligros y, en algún momento, cuando la música deje de sonar, todo va a explotar.

En la vida real usamos ambas manos. También debo decir que, para mí, el fin de las religiones debería ser amar al prójimo, no tener razón.

Hay que aprender a volver a escuchar. Hay que encontrar nuevamente a personajes que busquen un bien común, respetando los límites y las libertades de los demás. ¿Pero podremos? Porque parece que las pasiones mueven más al mundo que la racionalidad.

No somos más que el reflejo del otro y no logramos aceptarlo. El bien no tiene color, no tiene religión, no tiene ideal. El bien es el bien y lo malo es lo malo, venga de donde venga. No podemos hacernos ciegos ante ciertas cosas cuando vienen de nuestro equipo y castigar esas mismas cosas cuando vienen del otro.

Hay que mirar atrás y entender lo que somos. Entender que desprendernos del ego hará que trabajemos en conjunto. Nos necesitamos como humanos; no necesitamos gobiernos que lo apuesten todo usándonos como moneda, porque quienes perdemos siempre somos nosotros. Nosotros, que terminamos dejando el destino en manos de personas equivocadas. El error está en hacerles creer que el poder les pertenece, cuando somos nosotros quienes los elegimos para estar allí.

Por ahora me tengo que conformar con seguir observando este cruel ciclo histórico que percibo repetirse en los primeros sesenta años de cada siglo. No es que esté desesperanzado; es que observo el día a día.

Y hay que quemar el cielo si es preciso, por vivir”.

Llevo mucho tiempo pensando en este escrito, porque he pensado en muchos momentos y en muchas citas para escribirlo. Sin embargo, siento que no voy a poder trabajarlo como quisiera. Tal vez sea porque se seguirán acumulando sucesos que no me gustan; tal vez porque seguiremos viviendo entre extremos; tal vez porque, irónicamente, una guerra que estalle y termine sea lo que vuelva a traer años de paz. No lo sé.

Lo que sí me gustaría es que, si alguien lee esto, baje su guardia y mire un poco hacia atrás para volver a caminar.


CANCIÓN




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