Cosas sencillas

 Claro que quiero.

¿Cómo no voy a querer despertarme con alguien al lado de mí en mi cama? Sí, quisiera que mi primer pensamiento fuera el de ser la persona más afortunada del mundo. Como si no fueran mi debilidad los olores, como si no deseara quedarme con ese olor impregnado durante todo el día. 

Claro que quiero.

Quiero despertar y tener ganas de preparar el desayuno mientras ella aún está en la cama. Como si sólo por su silueta allí, cómoda, se hubiera ganado el mundo entero. 

Quiero eso y más. Quiero darle un beso en la frente antes de marcharme al trabajo y que, antes de irnos a dormir, ocurra lo mismo luego de rozar nuestras narices.

Y es que yo quiero poder entregarme de nuevo. Pero quiero darlo todo aunque no tenga nada. Quiero escribirle como loco, leerle como loco. 

Que al cine le falten películas y que tenga que escuchar nueva música cada semana por falta de canciones. Yo quiero que seamos la bandera que demuestre que el romanticismo no ha muerto y que deje claro que no es una novela, sino que se puede vivir en la tierra.

Porque quiero también preservar mi espacio y que ella también tenga el suyo, porque quiero que sea mi maga, pero también mi amiga y compañera, que quiera enseñarme todo sobre su mundo,  aunque no siempre haya coincidencias. Y es que no puede faltar lo humano, porque no se puede huir de la rutina, así como tampoco las tormentas se quedan para siempre. 

Quiero que el acto de compartir nos lleve a las mejores aventuras, que la pasión nos caliente, pero no nos queme, quiero que la palabra balance se haga amiga del tiempo y este, de nosotros. 

Quiero todo esto y más. También deseo poder dar lo que ella quiere recibir, y que mi querer sea nuestro querer.  

Porque tal vez sea más sencillo resumir este manifiesto así…  

Quiero amar y que me amen a mí.







Gabo.

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