Nota: Yendo a Philly

 Abril 16

Después de no escribir por casi dos semanas, ahora quiero ponerme al día. Estoy volando y, como se ha vuelto costumbre, agarro mi teléfono para vaciar un poco la cabeza. Escucho: No Tengo Ganas, de Los Intoxicados, una canción que se ha hecho un gran espacio en el playlist de mi vida. No sé por qué, pero me anima, porque describe ese cansancio que uno tiene a veces, esas ganas de nada, pero de seguir al mismo tiempo.

Me he dado cuenta de que uno tiene que buscar entre el fastidio el deseo, la motivación para que la mente conecte nuevamente con las ideas que se quieren desarrollar, con la energía de querer el mañana. Digo esto porque tal vez ya me siento mucho mejor en comparación con estos días anteriores, que igual los agradezco. Me meto en un hueco donde doy repaso de la vida, repaso mis años como capítulos y así voy atando hilos con el presente. Entonces termino diciendo: ahhh, por eso es que soy así, o puede que sea más un: ahhhh, por eso siento esto y por eso es que estoy reloco… Nunca he tenido nada en contra de la locura, cabe aclarar, pero si me lleva a sentirme mal, sí.

Qué hermoso es mirar al sol desde el cielo. Me recuerda lo pequeño que soy, y me recuerda también que uno no debe atarse a nada. Entonces comienzo a desear poder soltar todo, y con eso me refiero a dejar de darme vida por cosas que no pasan, a bajarle al ego, a andar simplemente disfrutando del lugar donde estoy transitando, sea cual sea.

Me causa mucha curiosidad que no es fácil entender que tenemos una sola vida, que la juventud es efímera aunque no la sienta ahora así. Se nos olvida que en el mañana tal vez desee este mismo momento y podría decir: es que cuando tenía 32 era así, o hacía esto. En algún punto debemos saciar al alma, a la nostalgia, a todos nuestros yo. Eso lo creo, ese es el juego de vivir. Justo por eso me siento tan fascinado con cualquier poema que hable sobre disfrutar cosas banales y sencillas, porque es así: hay que viajar y beber en todos los bares posibles, comer todo tipo de comida posible y, lo más importante, cruzar palabras con gente nueva, con gente que piense igual o contrario a ti, con gente que también se desquicie con encontrarle sentido a este mundo, porque tenemos que seguirle haciendo honor a los antiguos filósofos, a los viejos poetas, a todas las mentes que han buscado encontrar algún tipo de verdad que puede que no exista.

Imagino los días venideros, de nuevo enfocado. Siempre después de un retroceso viene un gran alivio. Al final es cierto que nada es lineal.

Tomo un vino a temperatura ambiente, rumbo a Philadelphia, con la emoción que trae siempre viajar, con cero expectativas, con la corazonada de que será divertido, y es que mi vida siempre ha sido divertida por más que quiera decirme que soy un aburrido.

¿Quién ganará este fin de semana?
¿Cómo será Maryland?

Estas son las preguntas que debo hacerme estos días, así, cortitas, consciente del presente.

Aquí acaba esta corta nota, la primera de no sé cuántas, tal vez pueda ser la única de este viaje.

Suena Bajan, de Cerati. Falta poco para aterrizar.

Regreso

Al final no pude conocer Maryland, pero fui a Delaware, así me quedo tranquilo, pues cumplí con la cuota de conocer un estado nuevo. Aquel jueves fue fácil: mi amigo me buscó en el aeropuerto y de ahí nos fuimos directo al bar universitario de West Chester, donde me sentí un poco más viejo que el año pasado, pero eso no importó. Jueves y viernes se resumieron en irse a dormir más allá de las 3 de la mañana. Al tercer día me levanté con unas ansias tremendas y, gracias al cansancio, no pude ir a Maryland, pero no me dejé vencer y por lo menos intenté ir a Delaware. El domingo llegó para satisfacerme con un Boca ganador y con un día gris hermoso.

Este viaje terminó de confirmar los temores que empezaron desde hace más de un mes, cuando ya había pensado que era tiempo de retirarme nuevamente de las redes y, como dije al principio del escrito, enfocarme. A veces uno sabe las cosas de antemano, pero siempre se le da espacio a la duda, si los dioses no intervienen, uno sigue allí, remando contra la marea. Esto, por supuesto, lo escribo muchos días después. Llevo varios haciendo ajustes nuevamente, uno de esos es alejarme más de las redes, por lo menos desde mi celular. He recurrido a hacerme las preguntas correctas, a hablar nuevamente.

Ahora me vuelvo a decir: hay que estar consciente del presente. Y dejar atrás el fastidio… Combinar la motivación con la dedicación.




Gabo.


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