Medrano y sus memorias

 No lo había pensado hasta hoy. Puede que sea tarde, creo que no hay dudas de eso. La canción para aquel momento era Afuera del Planeta, de Medrano.

En aquel entonces sabía qué era lo que me había traído hasta tan lejos, y las ganas de huir hacia donde fuera ya venían incluso desde antes del primer beso. Puede que sean estas las memorias de Medrano, que con su Una y Otra Vez ya había hecho un pacto a mis espaldas.

No lo culpo, yo lo dejé. Nunca había sido cobarde o miedoso; lo digo porque hoy en día sí se ha colado un poco de eso en la piel y no, no me gusta, claramente.

Muy rara esta conversación, pero fue, como siempre, por una canción.

Llevaba una franela morada del Corinthians, un blue jean y zapatos marrones cuando Afuera del Planeta empezó a sonar. Mi corazón estaba agitado y mi sangre hervía. Sabía que estaba por arder, por ser consumido, pero aún no quería. No sé si era por los nervios o por querer respetar el lugar donde iba a vivir, quién sabe. Quería esperar, porque la espera es la mejor opción de la inseguridad.

Me quemé, pero un poquito nada más. Me quemé lo suficiente como para irme a bañar. Medrano sacaría el título de La Mujer que Bota Fuego de allí; de eso tampoco habría dudas.

Qué locura ese tipo de incendios, te vuelven polvo enseguida los huesos.

Lo cierto es que Medrano no volvió a sacar otro disco que me gustara como ese. Me parece una lástima, aunque no me importa mucho: cuando lo quiero escuchar, escucho ese disco. Hoy, al parecer, me quiso mostrar una de sus historias, que no sabía que había pasado, no desde mi punto de vista.

No hay ningún swing de la propuesta, pero me quedo con la tregua. Que quede con Medrano y sus memorias.







Gabriel Maldonado
Berenice

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