Relato corto: Dolores
Hace algunas noches vi a Dolores O'Riordan. Vestía de negro, como usualmente lo hace. Había pasado más de un año desde la última vez. Pero creo que han pasado más de cuatro años desde la última vez que la oí cantar.
Justo llegué para oírla cantar Zombie con su guitarrista de siempre. Su tono sigue cuidado. Sus labios pintados de negro cautivaron al público de la sala. Yo mismo aplaudí también.
Escuchar cantar a Dolores era una de mis cosas favoritas. Por eso, en ese momento, recordé su setlist para este tipo de noches. Después de oír esa canción, quería más.
Quería escuchar What's Up?, de 4 Non Blondes; quería escuchar Ode to My Family; hasta, ¿por qué no?, Stan, de Eminem, con su guitarrista ahora haciendo de rapero también.
Pero aunque en el mismo lugar se encuentren los mismos personajes, los tiempos cambian. Como mis canciones. Normalmente, para estas noches de canto, tengo un setlist también, que probablemente Dolores ya olvidó. En mi repertorio están canciones como Wish You Were Here, de Pink Floyd, que es una que canto normalmente cuando la noche está por acabar. Hay canciones de Oasis y de Calamaro. Esta vez elegí Mil Horas, una que canto muy de vez en cuando porque siempre ha sido mejor cantar Flaca. Esta vez la canté acompañado y salió bien, más de lo que esperaba.
Después de esto, mi pecho por fin se descontrajo y respiró, aunque seguía sudando, ya sea por el dolor de estómago o por haberme unido a cantar My Way a todo pulmón, o tal vez por el manojo de nervios que pude manejar.
Fue una noche fantástica. Una donde el cielo estaba lleno de estrellas y el clima era perfecto. Fue una noche donde el tiempo me dijo que todo estaba bien, así que, después de cantar, me despedí de todos y, claro, de Dolores.
Me fui con las ganas guardadas de escuchar y cantar más, pero creo que ya había sido suficiente tiempo. Mi cuerpo no aguantaba más y, aunque yo sí, preferí seguir mi instinto.
Oh, my life is changing everyday
In every possible way

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